Un niño de Budapest con la cabeza en la ciencia
Leó Szilárd nació el 11 de febrero de 1898 en Budapest, en el seno de una familia judía de clase media. Como tantos otros jóvenes talentosos de la ciudad, empezó estudiando ingeniería, pero pronto sintió que su verdadera vocación estaba en la física pura. Así que continuó su formación en Berlín, en la Technische Hochschule y en la Universidad de Berlín, donde tuvo la suerte de aprender directamente de algunos de los físicos más importantes de la historia: Albert Einstein, Max Planck y Max von Laue.
Ese ambiente berlinés, rodeado de las mentes más brillantes de la época, terminó de moldear a un científico con una curiosidad casi obsesiva y una capacidad enorme para adelantarse a su tiempo.
La idea que cambió el mundo: la reacción en cadena
La anécdota es de las que dan escalofríos. En 1933, Szilárd caminaba por una calle de Londres esperando para cruzar cuando, tras leer un artículo de periódico que descartaba con desdén la posibilidad de liberar energía atómica, tuvo una idea que le atravesó como un rayo: la de la reacción en cadena nuclear. En un instante, mientras esperaba el semáforo, imaginó el principio físico que, años después, haría posible tanto la energía nuclear como la bomba atómica.
No se quedó solo en la idea: en 1934 patentó en el Reino Unido el concepto de reactor nuclear de reacción en cadena, adelantándose a su época en un terreno que todavía nadie tomaba del todo en serio.
De Berlín a Estados Unidos: la huida del nazismo
Como judío, Szilárd vio con claridad el peligro que suponía la llegada del nazismo y decidió abandonar Alemania. Tras un periodo de idas y venidas por Europa, terminó instalándose en Estados Unidos, como hicieron tantos otros científicos húngaros de su generación. Fue precisamente en suelo estadounidense donde su historia daría un giro decisivo para el curso del siglo XX.
La carta que puso en marcha el Proyecto Manhattan
En 1939, convencido de que la Alemania nazi podía estar desarrollando un arma atómica, Szilárd redactó una carta de advertencia dirigida al presidente Franklin D. Roosevelt. Para darle más peso, convenció a Einstein de firmarla: así nació la célebre carta Einstein-Szilárd, escrita por Szilárd pero firmada por Einstein. Ese documento está considerado el detonante que llevó a Estados Unidos a poner en marcha el Proyecto Manhattan.
Chicago Pile-1: el primer reactor nuclear del mundo
Dentro del Proyecto Manhattan, Szilárd trabajó en la Universidad de Chicago, donde colaboró con el físico italiano Enrico Fermi en la construcción del primer reactor nuclear de la historia, conocido como Chicago Pile-1. En diciembre de 1942, ese reactor logró algo nunca visto hasta entonces: la primera reacción en cadena nuclear controlada. El sueño que había cruzado la mente de Szilárd casi una década antes, en aquella calle de Londres, se había hecho realidad.
El arrepentimiento: la petición contra el uso de la bomba
Cuando Alemania fue derrotada, la carrera contra los nazis para conseguir la bomba antes que ellos dejó de tener sentido. Szilárd, entonces, cambió por completo de bando: en julio de 1945 organizó la conocida como "petición Szilárd", firmada por decenas de científicos del Proyecto Manhattan, pidiendo al presidente Harry Truman que no usara la bomba atómica contra Japón sin antes dar un aviso claro. Por desgracia, la petición nunca llegó a manos de Truman a tiempo: las bombas cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki antes de que su voz pudiera ser escuchada.
Después de la guerra: de la física a la biología
Tras la guerra, Szilárd dio un giro sorprendente a su carrera y se volcó en la biología molecular, una disciplina entonces incipiente a la que aportó ideas relevantes. Es un ejemplo perfecto de cómo estas mentes húngaras no se limitaban a un solo campo del conocimiento, sino que aplicaban su curiosidad allá donde veían un problema interesante por resolver.
Szilárd murió en 1964, en La Jolla, California, lejos de la Budapest que lo vio nacer pero sin haber dejado nunca de pensar como un científico curioso e inconformista.
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Los "marcianos húngaros": una generación irrepetible
Szilárd solía bromear diciendo que él y otros brillantes científicos húngaros debían de ser en realidad marcianos disfrazados de húngaros, dado su talento excepcional y lo endiabladamente difícil que resulta su idioma natal para cualquier extranjero. Con ese chiste bautizó, sin querer, a todo un grupo: los llamados "marcianos húngaros", entre los que se encontraban, además de Szilárd, nombres como John von Neumann, Eugene Wigner, Edward Teller y el matemático Theodore von Kármán. Todos nacidos en Budapest alrededor del cambio de siglo, todos judíos, todos obligados a emigrar en los años treinta huyendo de la persecución, y todos convertidos en figuras absolutamente centrales de la ciencia estadounidense del siglo XX.
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Preguntas frecuentes sobre Leó Szilárd
¿Dónde y cuándo nació Leó Szilárd? Nació el 11 de febrero de 1898 en Budapest, en una familia judía de clase media.
¿Qué papel tuvo Szilárd en la bomba atómica? Fue el primero en concebir la idea de la reacción en cadena nuclear en 1933 y, en 1939, redactó la carta que Einstein firmó para alertar a Roosevelt sobre el peligro de que Alemania desarrollara un arma atómica, lo que impulsó el Proyecto Manhattan.
¿Por qué se arrepintió Szilárd de su trabajo con la bomba atómica? Una vez derrotada Alemania, consideró que ya no había motivo para usar el arma contra Japón y organizó una petición, en julio de 1945, pidiendo a Truman que no la lanzara sin previo aviso. La petición no llegó a tiempo.
¿Qué son los "marcianos húngaros"? Es el nombre, medio en broma, con el que Szilárd se refería a un grupo de brillantes científicos judíos húngaros nacidos en Budapest hacia 1900, entre ellos John von Neumann, Eugene Wigner, Edward Teller y Theodore von Kármán, que emigraron a Estados Unidos y marcaron la ciencia del siglo XX.
¿A qué se dedicó Szilárd después de la guerra? Cambió de rumbo y se dedicó a la biología molecular, un campo entonces emergente al que también hizo aportaciones importantes.
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