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Antes del puente: cruzar el Danubio en barca o sobre tablones
Durante siglos, Buda y Pest fueron, en la práctica, dos ciudades separadas por un río que no siempre era fácil de cruzar. No existía ningún puente permanente, así que los vecinos dependían de barqueros que remaban de una orilla a otra y de puentes temporales de barcas, unas estructuras de madera apoyadas sobre embarcaciones ancladas que se montaban en primavera y se desmontaban antes de que llegara el hielo o las crecidas del Danubio. Funcionaban, pero eran lentas, caras e inservibles buena parte del año, sobre todo en invierno.
El invierno de 1820 que cambió la historia de Budapest
El punto de inflexión llegó, según cuenta la tradición, en el invierno de 1820. El Danubio se congeló por completo y ni las barcas ni los puentes de madera podían utilizarse: cruzar de una orilla a otra se volvió, sencillamente, imposible. Fue entonces cuando el conde István Széchenyi, uno de los aristócratas húngaros más influyentes de la época, se encontró atrapado en una orilla sin poder llegar a tiempo al funeral de su padre. Aquella experiencia lo marcó tanto que se convirtió en el mayor impulsor de una idea que hasta entonces parecía descabellada: construir un puente permanente que uniera Buda y Pest de una vez por todas, hiciera el tiempo que hiciera.
Los ingenieros Clark: dos apellidos iguales, dos genios distintos
Convencer a la nobleza húngara de invertir en semejante obra no fue sencillo, pero Széchenyi lo logró. En 1839 se encargó el diseño al ingeniero británico William Tierney Clark, que ya tenía experiencia con puentes colgantes en Inglaterra, mientras que la dirección de las obras sobre el terreno recayó en el escocés Adam Clark (sin ningún parentesco con el primero, pese a compartir apellido). Entre los dos diseñaron una obra que, para su época, era completamente revolucionaria: un puente colgante sujeto por enormes cadenas de hierro en lugar de por cables, apoyado en dos imponentes torres de piedra. Nada parecido se había construido antes en esta parte de Europa.
1839-1849: diez años para levantar una obra faraónica
La construcción del Puente de las Cadenas se prolongó entre 1839 y 1849, una década entera de trabajo en unas condiciones muy exigentes: había que cimentar las torres directamente en el lecho del Danubio, transportar toneladas de piedra y de hierro, y coordinar a cientos de obreros sin la maquinaria que existe hoy en día. No es exagerado decir que fue una de las obras de ingeniería más ambiciosas de la Europa de su tiempo, comparable a los grandes puentes que por entonces se levantaban en Londres o París.
1849: la inauguración que unió Buda y Pest para siempre
Tras diez años de obras, el puente se inauguró en 1849, convirtiéndose en el primer puente permanente que unió Buda y Pest. El impacto fue tan grande que muchos historiadores consideran esta obra uno de los empujones decisivos que, años más tarde, en 1873, llevarían a la unificación oficial de Buda, Pest y Óbuda en una sola ciudad: la Budapest que conocemos hoy. Un detalle curioso: al principio, cruzar el puente tenía un peaje que pagaba todo el mundo por igual, incluida la nobleza, algo que hasta entonces era impensable en Hungría.
1945: la Segunda Guerra Mundial reduce el puente a escombros
La historia del puente no siempre fue de celebración. En enero de 1945, durante los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, las tropas alemanas en retirada volaron todos los puentes de Budapest para frenar el avance del Ejército Rojo, y el Puente de las Cadenas no se libró: sus cadenas cayeron al Danubio y solo quedaron en pie las dos torres de piedra, como un esqueleto del símbolo que había sido. Fue un golpe durísimo para una ciudad que ya llevaba meses sufriendo el asedio.
La reconstrucción y el símbolo que es hoy
Por suerte, la historia del puente no terminó entre los escombros. Tras la guerra, Budapest emprendió su reconstrucción, y el Puente de las Cadenas volvió a abrirse en 1949, exactamente cien años después de su primera inauguración. Desde entonces se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad, custodiado en sus dos extremos por los célebres leones de piedra, obra del escultor János Marschalkó, que llevan más de siglo y medio vigilando el paso de vecinos y visitantes. De noche, iluminado, es una de las estampas más fotografiadas de todo el Danubio, y forma parte del tramo de orillas declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Si quieres profundizar todavía más en su historia, en Donfreetour tenemos también una guía completa del Puente de las Cadenas y un artículo con 5 curiosidades del Puente de las Cadenas que seguro te sorprenden. Y si quieres seguir explorando la orilla del río, no te pierdas nuestra guía para pasear por la orilla del Danubio y nuestro repaso a todos los puentes de Budapest.
Preguntas frecuentes sobre el Puente de las Cadenas de Budapest
¿Quién construyó el Puente de las Cadenas de Budapest?
Lo diseñó el ingeniero británico William Tierney Clark y dirigió las obras el ingeniero escocés Adam Clark, entre 1839 y 1849, por iniciativa del conde István Széchenyi.
¿Por qué se llama Puente de las Cadenas?
Porque, a diferencia de los puentes colgantes modernos sujetos por cables, su tablero cuelga de enormes cadenas de hierro forjado, una tecnología pionera para la época.
¿Es verdad que el puente fue destruido en la Segunda Guerra Mundial?
Sí. En enero de 1945, las tropas alemanas en retirada lo volaron junto al resto de puentes de Budapest. Fue reconstruido y reabierto en 1949.
¿Cuántos años tardaron en construir el Puente de las Cadenas?
Diez años, entre 1839 y 1849, un plazo muy largo para la época debido a la complejidad de cimentar las torres en el propio lecho del Danubio.
¿Qué son los leones del Puente de las Cadenas?
Son cuatro esculturas de piedra obra de János Marschalkó, colocadas a ambos extremos del puente, que se han convertido en uno de los símbolos más fotografiados de Budapest.
Descubre la historia del Puente de las Cadenas en directo
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Leer sobre el conde Széchenyi, los ingenieros Clark y la reconstrucción de la posguerra está bien, pero escuchar esta historia con el puente delante, mientras cae la tarde sobre el Danubio, es otra cosa. En nuestros Free Tours por Budapest paseamos junto al Puente de las Cadenas y te contamos esta y muchas otras historias que hicieron de esta ciudad lo que es hoy.











